Echar la vista atrás y darte cuenta de que nada ha cambiado.
O mejor. Echar la vista atrás y darte cuenta de que todo ha cambiado pero, al mismo tiempo, todo sigue igual.
Pensar que has conservado lo que tenías tanto miedo de perder y darte cuenta de que siempre lo vas a tener.
Saber que siempre va a haber alguien ahí para apoyarte en lo que necesites.
Saber que existe una persona con la que te puedes comunicar a base de miradas, que sabe lo que estás pensado sin necesidad de decir nada, que va a hacer todo lo posible por verte sonreír.
Pensar que tú harías lo mismo por esa persona.
Darte cuenta de que necesitas a esa persona en determinados momentos porque sientes que nadie te comprende como ella.
Darte cuenta de que siempre que la has necesitado ha estado...y seguirá haciéndolo.
Sentir que todo va a salir bien.